Wednesday, April 17, 2013

El que se enterró


¡Ten valor, racionalista!
(Miguel de Unamuno, El que Se Enterró, citado en Required Course Readings, 73)

Mi lectura favorita de este semestre fue “el que se enterró” por Miguel de Unamuno. Me gustó esta lectura porque tenía elementos de la ficción ciencia, psicología, y me hacía recordar de la obra por Edgar Allan Poe que se llama “The Fall of the House of Usher”. También me gusta esta lectura porque me hace pensar en mi experiencia en la clase de español 339.
En el cuento de “el que se enterró” un hombre se preocupa por su amigo que se llama Emilio que ha cambiado muchísimo. El narrador quiere saber porque su amigo se ha cambiado. Su amigo se ha vuelto a una persona “tristón, taciturno y escrupuloso.” (71). Después de rogarle mucho Emilio le cuenta lo que le pasó. Emilio dice que el sufría de mucho miedo que no tenía ninguna razón lógica. El sentía que le llegaba la muerte. Un día sentado en su oficina Emilio ve una persona exactamente igual a su mismo. Emilio se muere y su alma pasa al cuerpo de la copia que está en la sala con él. Al narrador le parece muy extraño el cuento, y él trata explicar la experiencia con ideas lógicas tal como es probable que Emilio tuvo una alucinación. La situación se pone más seria cuando Emilio ensena al narrado un cadáver que él tiene en su hogar. El narrador no sabe cómo explicar lo que está pasando. Cuando Emilio le pregunta acerca de lo que él piensa el narrador dice “yo no creo nada.” (73). Emilio responde que por no creer en nada él no puede explicar nada.
El narrador es hombre demasiado lado luz que cree todo tiene una explicación lógica. Emilio es demasiado lado sombra y cree que nada se explica por la lógica. Los dos forman una dicotomía muy interesante. Yo soy bastante similar al narrador en el sentido de que soy demasiado lado luz. Al principio de esta clase me era muy difícil entender las cosas que estudiábamos. Me era difícil ser detective literario. Yo no creía que todas las cosas tenían significado. No quería creer que Batman tenía raíces en el Don Quijote. Por no creer en nada yo no podía entender la materia. Yo aplicaba el consejo que Emilio dio al narrador de “¡Ten valor, racionalista!” y exploré un poco de mi lado sombra y he podido aprender muchas cosas en esta clase.


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